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El refugio
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Antes de que comenzara el final, sus padres le habían construido un refugio subterráneo. "Tú serás la única sobreviviente", le habían dicho. "No queremos que mueras tan joven", le habían confesado entre llanto y abrazos. En ese tiempo ella no sabía de qué hablaban, pero sus padres eran los adultos y le habían enseñado a obedecer.
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Cuando comenzaron las primera detonaciones, sus padres se refugiaron con ella. Aunque el espacio era pequeño, entraban los tres y pudieron estar allí tranquilamente por cierto tiempo. Luego les faltó el agua y la comida, y su padre tuvo que salir con la promesa de que regresaría: más nunca lo volvieron a ver.=x:X:x=
Como tenían hambre y sed, y aunque su madre no quería dejarla sola, tuvo que salir del escondite para poder buscar provisiones. "No te muevas de aquí. Regresaré pronto", había sido la orden y la promesa de la madre. Después de eso salió y cerró nuevamente la puerta. Aunque no había forma de calcular el tiempo, los días pasaron lentamente, como transcurre el silencio.=x:X:x=
Un día, tal vez el hambre, la soledad, la sed, hicieron que ella saliera del refugio. Abrió la puerta y nada había afuera. Un olor a humo y a pólvora inundaba el espacio. Empezó a gritar y solo su eco se escuchaba de vuelta. Sintió miedo y comenzó a llorar. Efectivamente era la única sobreviviente, pero ella no entendía para qué. En mitad de aquella destrucción, habría preferido estar muerta.
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Cuando comenzaron las primera detonaciones, sus padres se refugiaron con ella. Aunque el espacio era pequeño, entraban los tres y pudieron estar allí tranquilamente por cierto tiempo. Luego les faltó el agua y la comida, y su padre tuvo que salir con la promesa de que regresaría: más nunca lo volvieron a ver.
Como tenían hambre y sed, y aunque su madre no quería dejarla sola, tuvo que salir del escondite para poder buscar provisiones. "No te muevas de aquí. Regresaré pronto", había sido la orden y la promesa de la madre. Después de eso salió y cerró nuevamente la puerta. Aunque no había forma de calcular el tiempo, los días pasaron lentamente, como transcurre el silencio.
Un día, tal vez el hambre, la soledad, la sed, hicieron que ella saliera del refugio. Abrió la puerta y nada había afuera. Un olor a humo y a pólvora inundaba el espacio. Empezó a gritar y solo su eco se escuchaba de vuelta. Sintió miedo y comenzó a llorar. Efectivamente era la única sobreviviente, pero ella no entendía para qué. En mitad de aquella destrucción, habría preferido estar muerta.
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exelente relato, llega al corazón. felicidades