Entre montañas frías donde el viento congela,
Las sombras danzan entre los árboles,
La brisa arrastra un aullido que se pierde en la tormenta.
La furia de la montaña, el espíritu salvaje encarnado,
Una diosa en carne y hueso es la cacería viva.
En su derecha, una inmensa ave de negro color murmura,
Sus ojos, brillantes y ardientes como brasas al rojo vivo.
Murmura y murmura sin descanso, murmura de un pacto,
Un pacto sellado con sangre.
Sus pasos resuenan en la nieve,
ecos de batallas, de tiempos lejanos.
El frío es su hogar y la guerra su marca,
su nombre, un susurro en el viento helado.
Y cuando la sombra de la diosa se alza,
con su mirada cortante como el frío acero,
abre la boca y dice de forma sombría:
"Ya volví, prros."
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