El futuro tiene que ser otro, yo siempre digo
que el futuro tiene que ser otro.
Y me asomo a la puerta fingiendo no pensar en nada,
fingiendo que no sufro,
pero con la cabeza llena de colores
y de tranvías
y de peces cuyo virtuosismo
produce una paz
muy parecida a la llovizna.
Yo siempre digo que el futuro tiene que ser otro,
algo así como sentarse en un café
y que un hombre toque tus labios con el dedo índice
y te diga:
silencio,
el aire está lleno de milagros,
de fluidos,
de campanas,
yo sé que puedes escuchar.