Hace un año llegó una hora, un momento, un instante ineludible que completó mi orfandad. Me tocó sola contigo, en una lamentable sala del hospital. Creo que me avisaste y no lo supe hasta después, esa vez no adiviné ninguna señal.
Para acortar la guardia escribí, luego dibujé, a pesar del saboteo del bombillo que iluminaba la sala de espera de los acompañantes. Pues, titilaba en Morse ·- -·· ·· --- ···
Quise pensar, creer que era tu presencia ya etérea comprobando su nueva naturaleza. No dejé que mi conjetura jugara con mi fe. No me presté al lúdico acto de adivinar qué sería… ¿tú? Respiré profundo, para asegurar mi necia negación a creer en el místico mensaje para enfocarme en las líneas de la punta del lápiz.
Quiero que sepas que no lo dije, pero lo sé: fuiste tú. Porque ya eras luz, la misma que estudiaste y atrapaste en imágenes sobre láminas de nitrato de plata en el laboratorio. Fuiste tú curioso, divertido, juguetón burlándote de mis esfuerzos por no hacer el ridículo hablándole a un bombillo que me daba tu mensaje en Morse ·- -·· ·· --- ···
Te imagino parado frente a mi queriendo hacerte sentir o ver. Como de niña siempre imaginé que estarías y no estabas. Y yo sentada en un ture como aquel que te pedí. Con un cuaderno, un lápiz, rodeada de bolsas y mochila como en un campamento de guerra…y de ahí no te fuiste más. Porque sigo viéndote, latiendo en mis venas, sudando en mi piel, llorando mis ojos, en mis arrugas y canas, en mis manos idénticas a las tuyas.
Descansa en paz Papito, Pero no te vayas más si puedes así estar a mi lado.
...descifraste la clave Morse?