Plagas

in #spanish5 days ago

Hace unas semanas, decidí invertir para mejorar el confort o comodidad cotidiana.
Ya antes, durante y después de la pandemia he sido de poco salir. O, mejor dicho, no gasto mi tiempo en salidas sin propósito, la calle perdió ese atractivo para mí.
Antes era diferente: cuando era chama, salía sin desperdicio de oportunidad, me encantaba ver todo, la calle, la gente, los carros, eventos. Había como una magia que hipnotizaba mi atención (bueh al parecer es TDHA), pero ya no es así, la calle no me hipnotiza, por lo menos no aquí en Cumaná.
Salgo lo justo y necesario para visitar a la familia, ver a los tíos, para hacer las compras cotidianas, alguna escapada a playa San Luis, comer algo rico, aunque sea una barquilla. Por lo demás, hoy no hay quien me saque de mi casa tan fácilmente.
Antes si…cuando vivía en el edificio Santa Rita podía salir 3, 4 veces al día para ir a la casa de mi abuela Manuela, a visitar a mis tías, ver a mis primitas o visitar a mis amigas. Era toda una aventura, me emocionaba mucho. Luego, ya de grande y con carro los fines de semana los pasaba lejos de casa, Margarita, Caripe, Rio Caribe, Mochima.
Pero ahora no. Y razones hay muchas; desde la situación país gracias a la cual muchos tenemos hijos migrantes, padres migrantes, primos migrantes, amigos, hermanos…y las reuniones se hacen en casa, pero que tengan WIFI para la videollamada; hasta el desgaste de tener que tropezar con basura y aguas negras al andar por nuestras calles.
En fin, que poco a poco he sumado colores e intenciones a la casa donde vivo. La cual fue adquirida por mi madre, la quinta “Tia Mama”. Allí quedamos viviendo mi hermano Marcelo y yo con nuestras respectivas parejas, luego de la convalecencia y muerte de Mamá. Nuestros hijos también son migrantes.
La casa quedó con todo casi intacto como lo dejó mamá. Pero en los últimos seis años, yo he cambiado el color de las paredes de mi cuarto como cinco veces. He tratado de descubrir mi estilo, de hacer un espacio mío, por eso pinto murales, muevo muebles, invento a diario, pongo luces, matas, creo espacios para vivir bonito.
Me importa más la comodidad que el lujo, ver un atardecer, hacer rincones donde echarme, hacer algo divertido, creativo, donde descansar, dialogar, divertirse, degustar, disfrutar. Prefiero gastarme la plata en hacer confortable mi espacio que gastármelo en un hotel.
Por eso decidí comprar un aire acondicionado nuevo, en lugar de reparar el viejo. Aunque ese equipo ya tenía 17 años funcionando…le salía jubilarse.
Cuando vi la posibilidad de comprar el nuevo aire, no dudé en completar la novedad pagando el envío de un tope viscoelástico para mi cama junto con par de almohadas y sabanas nuevas.
Todavía no encuentro las palabras para describir con exactitud lo que sentí cuando lo estrené. La dicha, la frescura, suavidad y ergonomía…tanto así que la primera vez me quedé 24 horas acostada, revolcándome entre tanta sabrosura. Como si cada hueso, cada músculo de mi cuerpo necesitara probar y darle aprobación al viscoelástico. ¡¡Una maravilla!!
Con esto y estrenando el frio del aire nuevo, busque el edredón de mamá, un “Ama de casa” de la época de las cosas buenas hechas en Venezuela, de la cuarta, pues. Una belleza color arena, super mullido que terminó de completar la trilogía ideal para mi habitación.
Cada vez que logro algo así es inevitable para mi sentir temor de que me dure poco, o que se acabe. Ya saben, esos achaques de ansiedad. Ante mi alarma de ¡CUIDAO!, alerto para que no estropeen mi idilio con la cama.
Hasta que llegaron ellas.
Anoche, dormía plácidamente, luego de mi acostumbrada dosis de Netflix, cuando sentí en mi brazo izquierdo un ardor, un picor, una picada. “Plagas de mierda” pensé como decía mi hijo de chiquito. Me arropé pensando que sería suficiente y seguí con Morfeo.
Al rato la picada fue en la pierna, luego la espalda, medio me sacudí y me di vuelta, pero la emboscada fue total. Enloquecida me levanté, encendí la luz, me puse los lentes y con la linterna del celular empecé a revisar, como un sabueso, las sábanas que, inconvenientemente, son de color azul oscuro.
Con los ojos dormidos, la ira desatada, el cuerpo humillado me dediqué a buscar el causante de mi desesperación. El resultado no tardó en dictaminarse: hormigas.
¡HORMIGAS ROJAS LA PMQLP!
Sacudí todo, sabanas, colchón, edredón, almohadas… no se veían sino hormigas aisladas, esparcidas que SOLO ME PICABAN A MI, mientras Cari dormía impune a mi lado. Hasta que la desperté pidiéndole auxilio.
Continué revisando el blanco piso buscando algún vestigio de estrategia para llegar a mi cama y nada, no había absolutamente nada.
Convencida de que ya no había nada que temer, embadurnada de alcohol, mentol, marcada con puntitos rojos y crucecitas hechas con las uñas, volví a acostarme. Casi llorando, indignada, amenazada.
Y al rato , otro ataque feroz! cinco picadas en el torso, cuatro en el brazo, tres en la pierna! Otra vez a revisar, ya eran las 5 am, sin poder hacer ruido revisé como pude, con aquellas ganas de meterle una bomba al cuarto.
No tenía otra cama, otro cuarto dónde pasar la noche, ¡será que me voy con Elton, mi perro? Resignada a pasar lo que quedaba de la madrugada sacudiendo y registrando, como a la hora me dormí. Pero a las ocho en punto otra embestida me despertó, esta vez con un nudo en la garganta, arrecha con la naturaleza me levanté y sin mucho protocolo saqué todo, sabanas, edredón, almohadas, colchón, abrí ventanas para iluminar mejor…y nada, no se veían caminos de hormigas, ni agrupadas alrededor de una miga, ni transportando la pata de una cucaracha.
Barrí, pasé aspiradora y nada… ¿qué son? ¿hormigas ninja?
Ya cuando solo me quedaba acudir a la ayuda divina, le supliqué a Dios un consuelo o un favor, levantando mis manos y la mirada al cielo… cuando vi una fila de peloticas blancas desplazándose por los entresijos del machimbrado del techo.
Como pude me trepé en los parales de la cama para verlas de cerca. ¡Desgraciadas, infelices! En fila, todas ordenaditas, una detrás de la otra, camuflajeadas en la madera, un batallón de hormigas rojas mudando sus huevos A MI CUARTO!
¡Cómo es posible?¡?¡ si tienen a su disposición un patio de 15 metros cuadrados con flores, hojas, troncos, mata grande, mata chiquita, cerezos, granadas, perimoyas, palos, piedras y TIERRA, las hormigas prefieren mudarse a mi techo, a quince metros de altura entre cemento, bloques y cabillas!
Una fila de hormigas de unos cinco metros de largo atravesaba el techo por encima de mi cama y algunas vencidas por la gravedad caían sobre mí, pagando yo el precio de su afamada perseverancia.
Pero ¿qué carajo le pasa a la naturaleza? Lo siento mucho, pero en mi cama no. Ya no había tregua ni compasión. Fumigué, limpié, barrí hasta que dejaron de desfilar por el techo.
Luego, vestí la cama de nuevo, prendí incienso y velas con aroma a coco, me di un largo baño, con mucha, mucha agua con tobo…porque el agua no llega a la ducha. Me di masaje con crema, me puse perfume, ropa suavecita, me dispuse a dejar el cansancio y el estrés en el olvido con la ayuda del viscoelástico y el aire acondicionado. Me embutí en mi mullida cama, suave y aromatizada, respiré profundo, prendí el Smart tv y apenas apareció la "N" en la pantalla …corte violento de patas! Se fue la luz!!
Por suerte, a esta otra plaga roja ya sabemos cómo la vamos a acabar.

DALL·E 2025-02-23 11.17.56 - A minimalist and humorous digital illustration of a bedroom scene. A cozy bed with soft pillows and a luxurious blanket is under attack by tiny, misch.webp
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