Sombra

in #spanish20 days ago

Una noche, en un rincón tranquilo de un barrio sombrío, vivía un gato negro llamado Sombra. Su pelaje era tan oscuro como el cielo nocturno sin estrellas, y sus ojos, de un amarillo brillante, reflejaban la luz como dos pequeños faroles. Aunque muchos evitaban cruzarse con él por supersticiones tontas, Sombra era un espíritu libre y curioso.

Esa noche, como tantas otras, Sombra había salido a explorar la penumbra. Corría entre los tejados, deslizándose con gracia felina por las sombras. Se divertía persiguiendo los reflejos de la luna que se colaban entre las hojas, saltando de un lugar a otro con la agilidad de quien se siente dueño de la noche. En su travesía, se cruzó con un viejo búho que le dedicó un canto ronco y jugueteó con unas luciérnagas que, encantadas por su compañía, iluminaban su camino.


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Pero al despuntar el alba, el gato decidió que era hora de regresar a casa. Agotado y con las patas aún cubiertas de polvo de sus aventuras nocturnas, se deslizó por la rendija de su pequeña puerta de madera desgastada. Allí, dentro de su cálido hogar, el contraste era notable. La luz tenue del amanecer apenas iluminaba las paredes cubiertas de libros y plantas colgantes que su humana, Clara, cuidaba con dedicación.

Sombra se acomodó en su rincón favorito: un mullido cojín junto a la ventana. Mientras lamía sus patas y se acomodaba, pensaba en todo lo que había vivido esa noche. Aunque su vida estaba llena de intrépidas aventuras bajo la luna, siempre encontraba consuelo en la seguridad y la calma de su hogar. Entre bostezos, cerró los ojos y dejó que el sueño lo envolviera, soñando con nuevas noches llenas de misterios y diversión.

En ese pequeño rincón de su mundo, Sombra sabía que no importaba cuánto amara la oscuridad de la noche, siempre tendría un lugar donde descansar y sentirse amado al amanecer.





Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.

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